La importancia de la formación terapéutica con conciencia crítica de los procesos históricos

La formación terapéutica contemporánea se encuentra atravesada por una herencia histórica profunda: la constitución de un sistema de saber jerárquico, binario y excluyente, surgido con la modernidad colonial. Este sistema trazó líneas abismales que separaron lo que era considerado conocimiento legítimo de aquello que fue relegado al silencio, la marginalidad o la superstición. En el campo de la salud, esta lógica produjo una hegemonía epistemológica que privilegió ciertos métodos, lenguajes y prácticas, al tiempo que despojó de dignidad a múltiples tradiciones curativas, saberes corporales, relacionales y espirituales.

Soma y Alma nace como una respuesta ética y clínica a esta herida histórica. Desde su raíz, propone que no puede haber transformación real en las prácticas de cuidado sin una revisión profunda de los modos de producir, transmitir y jerarquizar el conocimiento. La Ecología de Saberes no es, en este sentido, un recurso pedagógico más, sino el corazón ético y epistemológico de la formación terapéutica que Soma y Alma promueve.

Acercarse con cuidado, con amor y respeto

¿Cuál es la ética que promovemos?

La Ecología de Saberes reconoce que todo conocimiento es situado, histórico y relacional. Frente a la lógica de conquista —que busca dominar, clasificar y extraer—, Soma y Alma propone una relacionalidad circular y de cuidado, inspirada tanto en la Filosofía de la Liberación como en saberes ancestrales como el AYNI, ética andina de reciprocidad y corresponsabilidad. En esta perspectiva, conocer no es apropiarse del saber del otro, sino entrar en relación, escuchar, dialogar y co-construir.

Esta ética se traduce en valores centrales de Soma y Alma: sorfraternidad, justicia epistemológica, cooperación y escucha profunda. La formación terapéutica deja de ser un proceso de acumulación de técnicas o títulos, para convertirse en un camino de sensibilización epistemológica, donde el o la terapeuta aprende a reconocer la dignidad de los saberes, incluidos aquellos que no se ajustan a los cánones modernos de validación científica, pero que poseen coherencia, historia y eficacia en sus propios contextos.

La Ecología de Saberes no niega la ciencia ni el rigor; por el contrario, los sitúa. Soma y Alma propone jerarquías contextualizadas, donde cada saber ocupa un lugar en función del contexto clínico, cultural y humano, y no de una supremacía epistemológica fija. Esta mirada permite integrar, por ejemplo, la osteopatía, la posturología clínica, la neurobiología del trauma, la PNIE y las terapias somáticas con otras tradiciones curativas, sin reducirlas ni despojarlas de su sentido original.

Buscamos reflejar una ética del cuidado en nuestra práctica clínica

En la práctica terapéutica, esta ética implica un volverse prójimo no solo del paciente, sino también del conocimiento que se utiliza. El terapeuta formado desde Soma y Alma aprende a habitar una posición de humildad epistemológica, reconociendo que no lo sabe todo, que existe un margen de misterio inherente a los procesos de sanación y que el saber emerge, muchas veces, en el encuentro mismo. La escucha deja de ser solo una técnica clínica para convertirse en una postura ética y política frente al otro y frente al saber.

Asimismo, la Ecología de Saberes protege a las MTCI del extractivismo epistemológico, práctica histórica mediante la cual la Totalidad hegemónica toma elementos de tradiciones curativas, despojándolos de su cosmovisión, su contexto simbólico y su ética relacional. Soma y Alma afirma que integrar no es absorber ni neutralizar, sino reconocer la alteridad, sostener la identidad propia y permitir que el diálogo transforme a todas las partes involucradas.

Interculturalidad en las medicinas

Volvernos prójimos para trascender las diferencias y cultivar el cuidado

En este marco, formar terapeutas desde una Ecología de Saberes es formar profesionales capaces de cuidar sin dominar, de intervenir sin colonizar, de acompañar sin imponer. Es formar terapeutas que comprendan que la salud es un proceso relacional, que el cuerpo es territorio y memoria, y que el conocimiento, cuando se vive desde la dignidad y la reciprocidad, se convierte en una fuerza profundamente sanadora.

Así, Soma y Alma propone una formación terapéutica que no solo transmite saberes, sino que cultiva una ética del cuidado, una conciencia histórica y una práctica clínica enraizada en la fraternidad, la cooperación y el respeto profundo por la vida y por la diversidad de caminos que los pueblos han creado para sostenerla.